Y le llaman suerte
Los éxitos y triunfos personales son la punta de un iceberg cuya base consiste en todo lo que se ha tenido que hacer, sacrificar y luchar para lograr metas. También se incluyen todos sus fracasos, que no suelen ser pocos. Y hay quienes dicen que solo es suerte. ¿En serio, de verdad? Los que llaman a otros afortunados ignoran todo lo que estos han tenido que hacer para alcanzar sus objetivos. Sabrás tan bien como yo que nadie regala nada, que la vida resulta complicada y si quieres conseguir algo, hay que luchar mucho y no siempre se conquista. Es más sencillo quedarnos con que a ese fulano se lo han regalado todo, o que viene de una familia con mucho dinero, o incluso que tiene enchufe porque ha logrado un ascenso o una plaza en un buen trabajo. Así es más fácil convecernos de que lo que soñamos es inalcanzable y no vamos a arriesgar ni un ápice de algo que tengamos “asegurado”. Somos así, en general: conformistas con poca aspiración, e incluso, con una ambición aparcelada y encajonada...