Y le llaman suerte

Los éxitos y triunfos personales son la punta de un iceberg cuya base consiste en todo lo que se ha tenido que hacer, sacrificar y luchar para lograr metas. También se incluyen todos sus fracasos, que no suelen ser pocos. Y hay quienes dicen que solo es suerte. ¿En serio, de verdad? Los que llaman a otros afortunados ignoran todo lo que estos han tenido que hacer para alcanzar sus objetivos. Sabrás tan bien como yo que nadie regala nada, que la vida resulta complicada y si quieres conseguir algo, hay que luchar mucho y no siempre se conquista. Es más sencillo quedarnos con que a ese fulano se lo han regalado todo, o que viene de una familia con mucho dinero, o incluso que tiene enchufe porque ha logrado un ascenso o una plaza en un buen trabajo. Así es más fácil convecernos de que lo que soñamos es inalcanzable y no vamos a arriesgar ni un ápice de algo que tengamos “asegurado”.


Somos así, en general: conformistas con poca aspiración, e incluso, con una ambición aparcelada y encajonada. Sobre todo, cuando a tu alrededor has sentido que siempre te coartaban para abrir tus alas y ascender. Aunque solo sea por intentarlo y fallar. Parece que no se pueda, que todo ha de estar bien atado y con un colchoncito blandito que amortigua la caída. En las mayores hostias están los mejores aprendizajes. Es así. Imagínate que Alexander Fleming, descubridor de la penicilina, hubiera desistido a la primera de cambio, bien por su propia presión o por la de su alrededor. Todos tenemos más o menos presión, según la exigencia. De nosotros depende seguir intentándolo o abandonar. Esa responsabilidad es a la vez exigente con nuestra mentalidad, que mostrará un mayor o menor grado de paciencia, frialdad o determinación.


¿Cuándo saber en qué momento dejarlo estar? Esa es la pregunta del millón. Tal vez lo que para alguien ha costado un año para otro pueden ser siete. Debe ir de la mano con tu “para qué” y, si va alineado con tus principios, mejor todavía. 

Me voy a poner como ejemplo. En enero del año 2024 comencé con un podcast en el que entrevisto a personas totalmente normales, como tú y como yo, y de momento, cuando escribo estas líneas, que es a mediados de diciembre de 2024, tengo en Youtube unos 375 seguidores. 

¿Cuál es mi motivación y sustento para continuar y ver de qué soy capaz? Sobre todo mis ganas de aprender de los demás y de superarme, de ser un poco mejor como comunicador y como editor. Y además, para mí es esencial conocer mis virtudes: saber que soy buen interlocutor, que escucha y hace buenas preguntas y que se relaciona bien con los demás. Por supuesto que hay cosas que debo mejorar, claro que sí, pero estoy en el camino. 


Con mi ejemplo, que no sé adónde me llevará, quiero que intentes comprender a aquellos que sí lo han logrado. Hay mucha dedicación y empeño detrás del éxito, tanto que si no te lo tomas en serio y te formas (por ejemplo: leer mucho sobre comunicación, como la Programación Neurolingüística; exponerte a hablar en público, tener humildad para detectar en qué debes mejorar, escuchar a buenos comunicadores que llevan mucho tiempo, aprender a escribir, saber de marketing, de copywritting y de storytelling, etc.) será todavía más difícil. Lo que intento transmitirte es que a nadie le regalan nada, la suerte no existe, sin embargo, el trabajo, la disciplina y la dedicación sí. Tal vez nunca llegue a tener éxito económico ni renombre, pero los aprendizajes que voy descubriendo no tienen precio.


“La suerte es lo que sucede cuando la preparación se encuentra con la oportunidad.”

Séneca


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Muchas gracias.

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