La actitud para alcanzar objetivos
Para comenzar cualquier tipo de acción, cambio o aprendizaje uno de los comportamientos más importantes para lograrlo es la actitud. Sí, también es verdad que hay otros factores que influyen y que son importantes, pero la actitud mueve montañas e inicia nuevos caminos.
Cuando comienzas algún propósito nuevo, lo que te moverá para afrontarlo será la motivación para alcanzar ese objetivo propuesto. Pero lo que te ayudará a continuar en el tiempo, será la voluntad y la disciplina. Estas te conducirán a la consistencia, que te servirá para dar el impulso necesario e intentar lograr la meta.
La disciplina es necesaria cuando no cuentas con la motivación. Es decir, cuando empiezas un proyecto nuevo tienes esas mariposas revoloteando en tu estómago y las ganas están de tu lado. Pero el día a día puede resultar difícil, sobre todo, cuando la meta la ves alejada, se resiste o el obstáculo es tan grande que imaginas que será imposible. En estos casos, la disciplina te ayudará a seguir.
Da lo mismo el objetivo que nos propongamos, ya sea mejorar nuestras finanzas económicas, comenzar un nuevo negocio, cambiar nuestro físico, etc. La actitud encenderá la chispa para ir a la acción.
¿Lo es todo la actitud?
No, pero es fundamental para querer dar el paso inicial y accionarte. La actitud te empuja a empezar, la disciplina te permite mantenerte en el camino a pesar de que alguna vez puedas fallar, y la voluntad te permite mirar el horizonte con perspectiva constructiva. Debemos recordar que: “No cumplir el plan a la perfección es parte del plan.”
Por eso me gusta pensar siempre:
“El objetivo es el camino”. El momento presente es donde debemos poner el foco, podemos hacer cambios y tenemos que darle valor a lo que hacemos.
Por ejemplo:
Si mi propósito es comenzar a preparar unas oposiciones, la meta es aprobar con plaza. El camino será el día a día que tengo para estudiar hasta llegar al examen. En este caso, la motivación al empezar es alcanzar la plaza, pero dejará de estar presente cada día. Por tanto, la disciplina entrará en juego para que, aunque no tengamos ganas de estudiar lo hagamos sin empeño. Pero también existe la opción de no empollar ese día por motivos emocionales y sea mejor descansar. Aquí entra la voluntad, que accionaría una perspectiva constructiva a largo plazo, para que al día siguiente, retomemos el objetivo.
ATENCIÓN!
Es muy importante tener en cuenta que no siempre vas a conseguir el objetivo que te propongas aunque hagas todo lo correcto, siguiendo los pasos y haciendo un gran esfuerzo. Pero la satisfacción de ponerte a prueba, de salir de la comodidad y de querer superarte, es lo que sustenta el continuar hacia esa meta. Esfuerzo, actitud, voluntad y disciplina nunca son sinónimos de alcanzar cualquier fin, porque existen muchos factores que escapan a nuestro control. Por esto, no te debería preocupar aquello que no puedas controlar, poniendo el foco en lo que tú si puedes dominar.
En conclusión, el presente es el momento en el que podemos tomar acción, logrando así acercarnos cada vez más al propósito, al destino. Actitud y disciplina van de la mano, pero no son la certeza para conseguir un objetivo. Pero si ponemos el foco en el ahora, es más probable que tarde o temprano la recompensa llegue.
Salud y vida!💪🏽🤟🏿
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