El ego puede joderte


Y, ¿qué es el ego?
Es la valoración excesiva y subjetiva de uno mismo, tanto a nivel positivo como negativo. Es decir, cuando no eres capaz de darte cuenta de que estás equivocado, actúa el ego, y cuando crees que siempre la cagas, eso también es ego. En estos casos actúa el mismo principio: yo y solo yo. 

Por ejemplo, en algunas ocasiones puedes ser el responsable de haber conseguido resolver una cuestión o haberla fallado, pero asumes tu responsabilidad e intentas aprender. Esto es positivo, refuerza tu autoestima y tu autoconcepto. 
En las mismas situaciones, cuando sabes que tienes responsabilidad, pero apuntas al resto del mundo sin asumir tu culpa, está jugando el ego y te destruye totalmente. No existe aprendizaje, no hay evolución ni tampoco superación de la experiencia, por tanto, se enquista.

El ego puede ser un aliado para transformar tu vida como en el primer ejemplo antes mencionado: cambiar hábitos, solucionar problemas negativos, ampliar creencias y conocimientos, y mejorar en general, construyendo una versión mejor de ti. 
Pero también nos puede destruir, como en el segundo ejemplo. 
Algunos de nosotros lo hemos vivido en primera persona y nos ha llegado a dañar en momentos puntuales. Por esto, es tan importante ser sinceros con nosotros mismos, estar abiertos a fallar o a acertar, ser humildes para aprender y fuertes para resistir los cambios, ya que muchas veces los necesitamos para evolucionar.

El ego nos hiere cuando no nos deja abrir las miras, cuando culpamos a otras personas de nuestras desgracias y cuando no somos reflexivos en las críticas externas e internas. Es fácil caer en el propio engaño y creer que el resto del mundo tiene la culpa de lo que nos sucede, cuando no lo es. Son casos en los que tenemos “la certeza” de tener la razón y no estamos ni tan siquiera cerca de la verdad. Por ello, ser conscientes de hasta qué punto tenemos responsabilidad, nos da el impulso para cambiar y resolver las dificultades que se nos presentan en la vida. Nos arma de humildad para tener mayor apertura de miras, hacer lo que está en nuestras manos y poner solución a aquello que podemos cambiar. Y para lo que no, intentar que nos afecte lo menos posible. Esto es construir y ayuda a transformar vidas.

Por todo esto, debemos utilizar el ego para que nos dé energía para emprender un propósito, ya sea a nivel físico, mental o espiritual. Aprender está en nuestros genes, pero seguir haciéndolo y saber que es necesario, nos lo proporciona la voluntad y la actitud. En este caso, nuestro aliado será el ego, ya que nos empodera de actitud para resolver un problema. Pero, por el contrario, si no somos capaces de responsabilizarnos y culpamos a otras personas, se convertirá en nuestro enemigo, ya que nos alejará de la solución y no habrá aprendizaje.

Abramos perspectivas, seamos sinceros, atrevámonos a intentarlo y dobleguemos los pensamientos egocentristas destructivos. Usemos el ego para nuestro beneficio, que nos de ese empujón de autoconfianza y seguridad, para transformarnos y evolucionar. Cuando surge un problema existe responsabilidad propia, y en estos casos, hay que tomar acción en lo que podemos hacer y así solucionar las dificultades que están en nuestra mano, y cuando no lo esté, no dedicarle ni un segundo en buscar una solución que no existe.

Salud y vida!💪🏽🤟🏿

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