Pequeños retos, grandes logros.


Desde que nacemos, los seres humanos estamos diseñados para aprender y superarnos. Sea cual sea la lección, tenemos muchas oportunidades para ser un poco mejores cada día. Al nacer aprendemos muchísimo. No es lo mismo el desarrollo que realiza un bebé en su primer año, que en la etapa de los siete a los ocho: es el mismo tiempo, pero la transformación es bestial en el primer caso, aunque en ambos haya un crecimiento físico, cultural y educativo.


A medida que nos desenvolvemos, dejamos de tener unos cambios tan notables, pero continuamos ampliando conocimientos. Poco a poco, nos acomodamos, no le damos importancia a superarnos, a tener nuevos retos que nos permitan crecer y ser más fuertes mental y físicamente. Es normal, el cuerpo y el cerebro necesitan mucha energía para conseguirlo y es más sencillo vivir sin tener que afrontar cuestiones incómodas, que salgan de la rutina y que aumenten nuestros problemas.


Hace unos años, comencé a pensar de una manera más transversal, ya que mi día a día era levantarme, ir al trabajo, jugar a la videoconsola, comer, dormir, etc. Y el fin de semana consistía en salir a beber alcohol, ir algún concierto y comer fuera de casa, lo cual se había convertido en mi única diversión. Esto nos encanta a la mayoría, pero a largo plazo nos puede hacer débiles y traer malas consecuencias a nivel mental y físico. No digo que sea negativo hacerlo, pero sí en el caso de que se convierta en tu única motivación.


¿Qué significa esto?


¿Que solo podemos ser felices los viernes y sábados?


 El resto de días, ¿debemos estar apesadumbrados? 


Vivimos durante 365 días al año, ¿no deberíamos aprender que todos los días sean significativos y que nos regalen valor a nuestra vida?

Yo digo sí.


Una recomendación para dar más valor a nuestro día a día es buscar pequeños retos que nos hagan conquistar mayores propósitos. Pensar por nosotros mismos y no dejarnos llevar por lo que se supone que es “normal”. Que lo haga todo el mundo no quiere decir que esté bien. Los objetivos nos dan argumentos para seguir creciendo, para sentir que la vida nos regala algo más que consumirnos en piloto automático.


Busquemos nuestros propios retos para crecer y sentirnos fuertes mental y físicamente. Salgamos del confort de la rutina y probemos cosas nuevas. Cuanto más alejado se encuentre de nuestras creencias, más margen de ampliar horizontes y de abrir perspectivas. 

Por ejemplo, si somos de izquierdas o derechas, leamos opiniones de la otra ideología, si no hacemos deporte, probemos aquel que nos ha llamado la atención, escuchemos música que no hemos oído jamás, etc. Sentir que nos adentramos en lo desconocido nos mantiene en alerta, regala aprendizajes y descubre ámbitos que nunca hubiéramos pensado que nos interesaran.


En definitiva, retémonos a salir de la comodidad para que haya aprendizaje, más comprensión, y sobre todo, ampliación de horizontes. Vivimos los 365 días del año, no solo los viernes y sábados. Aún estamos a tiempo de aprovechar lo que nos resta de existencia. Cada día cuenta.


Salud y vida!💪🏽🤟🏿


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