Ni blanco ni negro, todo en su contexto


En los últimos posts he recalcado que para conseguir cualquier objetivo nunca debemos simplificarlo en todo o nada. No existe un camino hacia una meta que sea blanco o negro, por tanto, es imposible que sea perfecto. Así pues, deja de flagelarte y boicotearte. Todo depende de los matices y el contexto, y por ello actuaremos partiendo desde nuestra singularidad. Y eso, ¿cómo se hace?

Para hacer una evaluación y tomar decisiones sobre “cómo y porqué” actuar, necesitamos un “para qué” consistente. Este es el punto de partida para construir cualquier objetivo, ya sea de desarrollo personal, económico, de salud (nutrición y/o entrenamiento) o el que queramos cambiar. Al inicio tenemos mucha motivación que nos proporciona el impulso para comenzar. Más adelante nos ayudará a resistir la disciplina, ya que el aliciente del arranque se pierde. Y por último, la voluntad nos suministrará la energía para continuar en los momentos más duros, que es cuando hay dudas. En este sentido debemos mitigar el conocido “síndrome del impostor”, fenómeno psicológico que nos hace dudar de nuestra validez, inteligencia o capacidad de conseguir la meta propuesta. Este puede aparecer y empujarnos a abandonar. Por ello es esencial tener un “para qué” robusto y claro. La motivación no será suficiente para lograr el objetivo.

Durante el proceso para alcanzar un fin, hay que saber que los resultados no se consiguen pronto, más bien podremos observarlos en el medio/largo plazo, ya que cualquier cambio necesita madurez para lograrlos y su construcción es paulatina. Por lo tanto, hay que tener paciencia. El desarrollo se produce en el camino y puede abrirte otras puertas que muestren senderos alternativos, y descubrir así maneras de actuar diferentes. Con todo esto, el aprendiz logra un amplio abanico de posibilidades que le permiten tener mayor confianza en sus medios para alcanzar el objetivo.

En conclusión, es importante ser conscientes de que para conseguir cambios efectivos el proceso será duro, incómodo e imperfecto. Esto evitará que al mínimo fallo queramos abandonar y puede convertirse en la ayuda para seguir creciendo. Saber que el camino no es una línea recta ascendente, sino que presenta oscilaciones, nos permitirá continuar aprendiendo.
La vida está llena de dificultades, tu actitud y tu voluntad son las que te permiten seguir hacia adelante o abandonar. Haz algo con los elementos que están en tu mano, y lo que no dependa de ti, no pierdas energía en intentar solucionarlo, es imposible. 

Reinhold Niebuhr propuso en la plegaria de la serenidad estas palabras que tanto me gusta leer:

“Señor, dame la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar las cosas que puedo y sabiduría para poder diferenciarlas.”

Salud y vida!💪🏽🤟🏿

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