Haz lo que puedas con lo que tengas.


Esta frase es el dogma que me digo los días en que no me apetece hacer lo que debo realizar para seguir adelante en el camino de mi objetivo principal: aprender con la vida. La frase que pone título al post de hoy me anima a construir una mentalidad más fuerte y me permite desarrollar una mejor versión de lo que quiero conseguir. Se trata de que cada día aprenda ese 0,01% del objetivo, para así sentirme más cerca de este, y aunque no me atraiga realizar algunas acciones, simplemente hacerlas. Y es que no es tan importante el cómo las haga: la experiencia me mostró que buscar la perfección para sentirme preparado no me llevaba a conquistar el objetivo, cosa que me frustaba y me hacía desistir de continuar. Era, o todo o nada. Y eso afectaba a mi autoestima, que se hundía cada vez más. 

Pero estas experiencias me hicieron consciente de que eso no existe, que las acciones no deben ser perfectas para mantenerlas en el tiempo. Lo mejor es empezar cuanto antes, y durante el proceso, recalcular y ajustar aquellos matices que nos permiten continuar. No hay que esperar a sentirnos inspirados para emprender cualquier meta, porque de esa manera no vamos a encontrar el momento más adecuado ni la motivación suficiente.

La vida no se trata de hacer las cosas en el mejor momento ni en el que más animados estemos. En general, el mejor momento es ya, así de sencillo. Sobre todo, cuando no tengamos ganas, ni todos los recursos, ni tampoco toda la inspiración del mundo. Y esto se puede aplicar a cualquier ámbito de la vida: laboral, mental, físico, etc. Cuando empezamos una nueva actividad, la motivación aparece enseguida, seguramente con el tiempo decaiga y solo nos quede nuestra voluntad y la disciplina.

¿Qué quiere decir “haz lo que puedas con lo que tengas”? Os dejo dos ejemplos que son bastante ilustrativos:
1.Has decidido comenzar a entrenar en el gimnasio, llevas preparándote cerca de tres meses con normalidad, entre tres y cuatro entrenamientos semanales. Llegan las vacaciones y te vas fuera una semana. Puedes hacer dos cosas: descansar esa semana y retomar cuando vuelvas, o al lugar donde vayas, planificarte tres entrenamientos con tu propio peso o con bandas elásticas, que son fáciles de transportar a cualquier lugar.

2.Has empezado a cuidarte más, a comer más nutritivo y equilibrado: más verduras, más frutas, sin ultraprocesados, y como bebías alcohol, también lo estás dejando. Llega el cumpleaños de un amigo y vas a cenar fuera. Evidentemente, no vas a llevarte un tupper, ¿cómo lo podrías hacer?
Es bueno evitar los fritos, para beber sería ideal algún refresco light o cerveza 0,0. El plato principal una buena proteína, ya sea carne o pescado y siempre a la plancha. En el caso de ir acompañado de patatas fritas, se podría cambiar por verduras o ensalada. Y otra recomendación es que puedes pedir que el aliño te lo sirvan aparte. Así lo aderezas a tu gusto.

Hay mil maneras de cambiar nuestros hábitos, haciéndolos un poco mejor sin ser perfectos. También hay otras maneras de seguir adaptándonos a los cambios. Porque hacerlo perfecto no siempre perdura en el tiempo, no tiene que ser lo mejor y la adherencia es una de las premisas más importantes para lograr la transformación soñada. 
Seguir mejorando en el camino es esencial para ser nuestra mejor versión. Comienza, erra, aprende y rectifica.

“La dificultad muestra lo que son los hombres”
Epicteto

Salud y vida!💪🏽🤟🏿

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