Convivir con la diversidad
En el siglo XXI hay reconocida una gran diversidad de personas en el mundo. Cuando vas por la calle, te puedes encontrar a individuos diferentes, con sus propias historias, sueños, preocupaciones y motivaciones. Cada uno somos únicos, pero sufrimos, disfrutamos, y en general, vivimos experiencias que van forjando nuestro ser y nuestro carácter. Nacemos con unas características y unos genes que cargan la pistola, y tu estilo de vida y hábitos, pueden o no apretar el gatillo. Pero existe un grupo de sujetos en el primer mundo que “compite” con unas dificultades mayores que el resto en nuestra sociedad, estas son las personas con diversidad funcional.
La evolución de la nomenclatura al dirigirnos a cualquier individuo con discapacidad física, psíquica o sensorial ha cambiado muchísimo a lo largo de los últimos 40 años. Desde subnormales, deficientes o discapacitados, hasta llegar a nuestro tiempo: personas con diversidad funcional. Los neurotípicos (personas consideradas “normales”) vivimos en nuestra burbuja de problemas cotidianos que nos envuelven sin darnos cuenta de lo que realmente es importante valorar, porque llevar una casa adelante, cuidar de tus hijos, hacer la compra, pagar los recibos, etc. son, al fin y al cabo, nuestras mayores dificultades. Y lo son, pero, ¿qué ocurriría si sufrieras una discapacidad física, o si tu hija tuviera síndrome de down, o tu hijo naciera con trastorno del espectro autista? Pues que tu “normalidad” se vería alterada y todo sería aún más difícil. Es complicado, ¿verdad?
Pero realmente, ¿qué es la diversidad funcional? Es un concepto que reconoce y valora la diversidad de habilidades y necesidades en la sociedad, y se enfoca en promover la inclusión y la igualdad para todos los individuos.
Desde esta perspectiva me gustaría hacernos pensar y así promover mayores oportunidades para ellas, que pudieran ser reconocidas de verdad como parte de nuestra sociedad, con una vida que valiera la pena ser vivida, que lucháramos todos contra su discriminación, las creencias arraigadas y que, por desgracia, limitan su participación. Porque no hay mejor ayuda que normalizar y sentir que podemos construir una sociedad en la que haya cabida para todos sin importar cómo seamos, de dónde vengamos y cuáles sean nuestras características.
En este contexto, todos los individuos que formamos “nuestro mundo” somos importantes para nuestra comunidad, tenga esta la magnitud que tenga. Los seres humanos necesitamos del resto de nuestra tribu para aprender, ya que el conocimiento se construye en relación con las personas que nos rodean, sean nuestros seres queridos o los que conocemos por el camino.
¿Y qué nos pueden enseñar las personas con diversidad funcional?
Como ya sabes, soy maestro de educación especial y a diario comparto mi vida profesional con ellas. Mis alumnos y alumnas me ayudan cada día a valorar lo que soy, lo que tengo y en lo que me quiero convertir. En agradecimiento a esto, tenía muchas ganas de escribir este post y que entre todos podamos reflexionar sobre lo que nos pueden regalar:
-Dar importancia a lo que realmente la tiene: tu tribu (familia, amigos, comunidad, etc), tus necesidades, tu construcción individual y social, etc. En una realidad disfrazada de felicidad con miles de estímulos constantes y en la que todo lo queremos en el momento, hemos dejado de lado aquello que importa de verdad. Y ser conscientes de lo que realmente merece la pena es necesario para vivir con serenidad, y por supuesto, implica estar cada vez más cerca de nuestra naturaleza.
-Saber que existen otras maneras de comunicarse con el resto de personas. No solo puedes compartir tus vivencias a través del lenguaje verbal, también lo puedes hacer con signos, con imágenes (pictogramas) o gracias a tableros interactivos de comunicación, como tablets, por ejemplo. Todas estas herramientas pueden servirte para ampliar tu información y usarla de forma transversal cuando intercambias opiniones, experiencias, necesidades o emociones con cualquier persona.
-Ser consciente de que tienes mucha suerte y que deberías estar agradecido por lo que eres. El regalo que es vivir cada día, el estar en un país en el que no existe la guerra, en el que no pasas hambre, ni frío, ni sed y tienes un techo, y en general, todas tus necesidades cubiertas (si me lees, doy por supuesto que tienes acceso a Internet). A veces no valoramos todo lo que esto supone.
-Descubrir que cada uno puede mostrarse tal y como es, que no hay que esconderse detrás de una máscara y comportarse de otra manera para agradar a los demás. También admirar de una forma más pura y sin envidias destructivas lo que representan otras personas que nos maravillan.
-Emocionarse sin tapujos y sin miedos a lo que dirán. Entender tus emociones es el acto más difícil que existe para alcanzar la autorregulación, y a la vez, saber qué te pasa y porqué. Esto te puede ayudar a comprender tus emociones, y así, estar cada vez más cerca de descifrarte un poco mejor.
-Convivir con otras personas diferentes a ti, con distintas maneras de vivir, de sentir y de percibir la cotidianidad, ni mejor ni peor. Enriquece tu comprensión a través de su cultura, etnia, religión o funcionamiento. La diversidad te transfiere amplitud de miras y de información, que te ayudan a entender mejor el mundo que te rodea y a ti mismo, y así, contar con ellos para un sociedad más plural.
”No hay prisa. No hay necesidad de brillar. No es necesario ser nadie salvo uno mismo.”
Virginia Woolf
¡Salud y vida!😍🤟🏿
Si. Así debería de ser y debemos luchar por conseguirlo. Yo tb he trabajado en educación especial y he tenido experiencias maravillosas con este alumnado.
ResponderEliminarMuchas gracias Conxa por tu aportación. Nos dan mucha luz😉. Un abrazo
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