​La sociedad te puede enfermar


No es que te pueda enfermar, es que a la gran mayoría, si la dejamos, nos acaba matando.

Desde que el ser humano habita en la Tierra ha necesitado, para sobrevivir, del resto de su comunidad. Tener un sentimiento de pertenencia nos ha permitido perpetuarnos hasta nuestros días. Cuando en una tribu una mayoria tomaba una decisión, a la minoría solo les quedaban dos opciones: seguir al grueso del grupo sin pensar o salir del mismo por no estar de acuerdo con la decisión, y esto, suponía, con mucha probabilidad, el destierro y la muerte.

Esta forma de actuar hizo que sobrevivieran los individuos más gregarios y extinguirse a aquellos que no estaban de acuerdo. Por eso, hoy en dia, sigue vigente en nuestros genes, y a un alto porcentaje de la población nos cuesta reflexionar sobre lo que la mayoría acepta como “normal”. Si observas a tu alrededor, acciones como beber alcohol, salir de fiesta, no dormir bien, no tener conciencia de lo que comes o no tener una filosofía para ayudarte en la vida, son practicadas por la mayoría. Se cuestionan poco y las asumimos como parte de nuestra existencia.

Cuando comencé a entrenar hace unos cuatro años y quería aprender sobre nutrición, la gente me decía: “¡Estás obsesionado! ¿De eso no puedes comer, no? ¿Qué entrenas, todos los días?”

Y es que, cuando experimentas acciones diferentes porque sencillamente te cuestionas qué quieres y has descubierto lo que no te gusta, el cambio sorprende a los que te conocen, ya que no eres el de antes.

Además, desde los medios de comunicación no se fomentan estilos de vida realmente saludables. Solo hay que ver la programación enfermiza que existe en cada canal. Por ejemplo, con los telediarios, que informan de noticias negativas y que, por suerte son extraordinarias, puedes deprimirte y sentirte con ansiedad gratuita cada día. ¿Y qué podemos hacer nosotros para detener esas desgracias? Absolutamente nada. Siento que lo mejor, en este caso, es intentar alejarse y buscar alternativas que nos ayuden de verdad: hablar con nuestra familia y disfrutar de la comida con la televisión apagada.

El objetivo de este post es intentar demostrar que su título no es un reclamo de atención, sino compartir lo que ocurre, lo que permitimos y por qué sucede.

Al igual que valoramos nuestras vivencias de una manera, dándoles una connotación negativa o positiva, también tenemos el poder de cambiarlas a nuestro favor. Como por ejemplo: si está normalizado que los fines de semana son para escapar de nuestra vida y evadirnos con cenas o comidas, fiestas, alcohol, drogas y acostarnos a las 8:00 de la mañana, se podrían buscar alternativas que sí nos aporten beneficios (salir a la montaña o la playa, pasear por una ciudad, montar en bicicleta o simplemente leer un buen libro). 

También solemos escuchar a nuestros compañeros de trabajo decir que se han acostado a la 1:00 enganchados a una serie y se han levantado a las 7:00 para ir a trabajar. O por otro lado, comer ultraprocesados en vez de comida de verdad, es decir: estoy en el trabajo, abro el tupper y llevo un contramuslo de pollo con patatas al horno. Se oye de fondo: “¡Qué barbaridad!”. Pero si una compañera celebra su cumpleaños y ha traído bandejas de ultraprocesados y chocolates llenos de azúcar, “es lo que toca” y, “¿por qué no vamos a comer, no?”

Y así se normalizan estas actividades y pautas alimenticias que todos sabemos que no son nada saludables. Se han generalizado como normales y cotidianas y es fácil hacerlas sin cuestionárnoslo. Todo está en cómo y en qué quieras poner el foco.

Por tanto, es importante reflexionar por qué hacemos lo que hacemos, si va con nosotros o si nos aparta del camino que queremos emprender. La mayoría puede seguir haciendo lo que quiera, cada cual hace lo que le apetece con su vida y, por tanto, es libre de elegir. Pero por lo menos, hagámoslo cuestionando si es bueno para nosotros o es una piedra en el camino.

"Es imposible que una persona aprenda lo que cree que ya sabe."

Epicteto

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¡Salud y vida!🤟🏿

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