​El mito de Pinocho


Nos podemos ver reflejados en la historia de este muñeco hecho de madera. Pinocho es un personaje que se forjó gracias al cincel de su creador, un carpintero llamado Gepetto. Lo fabricó porque quería tener hijos y durante toda su vida no pudo, así que logró dar forma humana a un trozo de árbol. Pinocho era un niño de madera pero sin vida. Gepetto tenía tantos deseos de ser papá, que todas las noches soñaba con que esos troncos se convertirían en un niño de verdad. Finalmente, un día, su sueño se hizo realidad y Pinocho comenzó a moverse y a hablar. El carpintero no daba crédito a lo que estaba ocurriendo, pensó que soñaba, hasta que le oyó decir: 

“Hola papá”.

Cuando el muñeco de madera tuvo conciencia de sí mismo y de su vitalidad, solo quería convertirse en un niño de verdad, de carne y hueso. Él tenía sus sueños, muchas ganas de vivir, de demostrar a todo el mundo que era importante y que podría ser útil para los demás. Simplemente, como nos puede pasar a ti y a mí. 

Por eso, me gustaría salir por un instante del cuento para mostrarte esta realidad: cuando nacemos, todos somos niños que queremos crecer y convertirnos en hombres o mujeres necesarios para la sociedad, tenemos muchos sueños y deseamos tantas cosas que no nos caben en el pecho. Pero la verdad es otra. Poco a poco, esos deseos se van desvaneciendo, o bien porque se convierten en otros o, sencillamente, porque no estamos preparados para hacer lo que es necesario y lograrlos. 

Me explico. Nunca ha existido tanta abundancia de información, tecnología y comodidades como nos encontramos en la actualidad: restaurantes, bares, discotecas, comida, redes sociales, alcohol, drogas, sexo, compras, etc., son nuestros lugares comunes para pasar el tiempo. En la comparación que quiero hacer con la historia de Pinocho, esa abundancia ilimitada, equivale al lugar en el que los niños se convertían en asnos. Esto les ocurría porque su comportamiento imitaba a las acciones de este precioso animal (romper cosas, comer sin fin o hacer el vago sin límites, entre otras). Y Pinocho casi se convierte en un burro por emular al resto, dejándose llevar por la mayoría. Estos lugares comunes de los que he hablado nos entretienen y anestesian, nos regalan dopamina vacía y experiencias que se van repitiendo con normalidad y dejan de ser extraordinarias. Creemos que es lo único que vale la pena vivir. Y es que un mundo que nos demanda “hacer” en lugar de “sentir”, está totalmente vacío, e intentamos llenarlo con lo mismo una y otra vez. Y nunca logramos así la paz ni la felicidad.

¿Cuantas veces has sentido que estás hueco, que estás haciendo algo que no va contigo, solo por agradar, convencer y “estar en paz” con el resto y que nunca decides tú? Me atrevería a decir que muchas veces. Nuestra naturaleza nos empuja a ser Pinocho y nuestro alrededor a ser asnos. Solo la valentía, la humildad y la responsabilidad nos prestan un instante para decidir cuál será el siguiente paso para aprender. Si queremos dejarnos llevar y sentirnos vacíos, o si, por el contrario, luchar con todas nuestras fuerzas y hacer aquello que está en nuestras manos (leer, investigar, escucharnos y escuchar, reflexionar, compartir, caminar, descansar, etc.) para acercarnos a lo que aquel niño de madera quería ser: un niño de carne y hueso. ¿No era acaso un sueño imposible? ¿Por qué el nuestro sí lo es? Pinocho se convirtió en un niño de verdad.

"Es mejor ser un guerrero en un jardín que un jardinero en una guerra."

Proverbio japonés

Si has llegado hasta aquí solo puedo agradecértelo y si te ha parecido interesante, por favor, compártelo con alguien que creas que le pueda ayudar. Muchas gracias. 

¡Salud y vida!🤟🏿

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