Homo consumus
Hace unos meses leí un libro que se llama “Filosofía en la calle” de Eduardo Infante. Una obra que, además de hacerme aprender, me entretuvo muchísimo y te lo recomiendo de todo corazón. En este texto descubrí el concepto “Homo consumus”, que representa la mayoría de la población en el primer mundo en este momento. No sé si alguna vez has pensado en la capacidad de gastar dinero y, por ende, de consumir que tenemos. Es algo increíble. La cantidad de los utensilios, aparatos, objetos y servicios que podemos contratar, comprar o alquilar es mayúscula. No entro a cuestionar si está bien o no, lo que pretendo es hacernos reflexionar.
El “homo consumus” es cualquier persona que vive en el primer mundo y “llena” su vida de cualquier cosa que se pueda comprar con dinero. Desde ropa (imposible lucirla toda) hasta suscripciones a plataformas online (que ni en mil vidas se puede absorber todo su contenido). Tengo la sensación de que llenamos huecos existenciales con las compras materiales. Desde que ocupamos un espacio en el mundo y nacemos, llegamos cargados de regalos para nosotros y nuestra familia. “Los bebés vienen a la vida con un pan bajo el brazo”. Más bien diría yo que salimos de la barriga de nuestra madre con objetos que nos regalan. ¿Cuántas cosas tienes en casa que no utilizas?
La sociedad de consumo en la que nos encontramos nos ha adoctrinado y nos empuja a gastar para ser “felices”, aunque esas compras nunca nos proporcionarán felicidad por sí mismas. Da igual lo que quieras comprar esperando que te vaya a dar satisfacción. Nuestra capacidad de superación, de aprendizaje, de aportar valor a nuestro alrededor y lo que todo ello podría representar para nosotros, es lo que más opciones de ser feliz nos proporciona. Imagínate que te toca un millón de euros, tienes todo este dinero para ti, para gastar y para hacer con él lo que te plazca. Si te sientes deprimido, triste o te valoras poco, no encontrarás a largo plazo gratificación en las acciones que puedas realizar con ese dinero. Primero debes solucionar tus problemas, observar en qué debes trabajar, y así podrás disfrutar de cualquier actividad que vayas a hacer. “Pero a ver, Jose Manuel, con ese dinero, puedo hacer mil cosas: viajes, coches de lujo, una casa, ropa cara, cenas en restaurantes de estrella Michelin, etc.” Claro que lo puedes realizar, pero son cosas supérfluas que no te aportan a ti como individuo, sobre todo, si tienes problemas de autoconocimiento, autoestima o si sientes que tu vida no tiene ni sentido ni valor porque necesita de esos lujos. En estos casos, ¿qué te pueden aportar?
Sentir lo es todo. Vivirlo también. En una era llena de estímulos a todas horas, es bastante complicado tener la tranquilidad de pararnos a pensar y decidir qué queremos de verdad en cada momento. De estar presentes en la actividad que nos hemos propuesto: quedar con amigos, leer un libro, comer con tus familiares, jugar con tus hijos, etc. Todas estas cosas no tienen precio y, sobre todo, nos proporcionan el máximo valor.
¿Qué diferencia existe entre estas acciones y las cosas que compras?
Nuestra sociedad vive tiempos de crisis a nivel social y no se aprecia lo que realmente importa. Nos alejamos de lo que nos hace estar bien a nivel mental y físico, y a la vez, nos acercamos a lo que nos anestesia con pequeños momentos que no son verdaderamente importantes. Escuchando el podcast “Tengo un plan”, resonaron en mí unas palabras de una psicóloga que acompañaba a las personas que se encontraban en paliativos e iban a morir. Estas eran de diferentes estatus socioeconómicos y todas coincidían en un deseo: se arrepentían de algo que no realizaron. Sorprendentemente, ninguna se acordaba del dinero, ni siquiera las que habían tenido éxito en este sentido. Debemos reaprender a vivir, salir del bucle de compra/satisfacción vacía en el que nos hemos instalado y que parece no tener fin. Lo verdaderamente enriquecedor es practicar lo que vaya contigo, lo que resuene en ti. Nada más importa en este instante, solo tu capacidad de decidir, reflexionar y sentir ante lo que simplemente quieres y necesitas.
”No eches a perder lo que tienes deseando lo que no tienes; recuerda que lo que ahora tienes estuvo una vez entre las cosas que solo esperabas."
Epicuro
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