El propósito vital
Como ya he dicho, el significado de la vida no existe, pero está en cada uno de nosotros. Tú tienes el tuyo, yo tengo el mío, ni mejor, ni peor.
Mi plan de vida en estos momentos es aprender, y este propósito se sustenta en mis valores. El primero de ellos es la humildad, sin ella sería incapaz de ser consciente de que la vida significa desarrollarse. Tener una constante e infinita evolución es imprescindible para mí, ya que no entiendo mi existencia sin humildad. Para ello este valor es básico, por eso es el número uno.
En segundo lugar, está el aprendizaje. Este valor me ayuda a tener la suficiente curiosidad para sentirme presente, sobre todo, cuando las cosas se ponen cuesta arriba y mi mente tiende a divagar: ahí es el momento en el que este valor adquiere mayor relevancia.
El tercero es para la bondad. Me ayuda a entenderme, a darme tregua en cada uno de los aprendizajes que experimento y a sentir que aunque el camino sea largo y difícil, lo más importante es el desarrollo que adquiero gracias a él.
El cuarto valor es la compasión, que va unido al anterior. Comprenderme y saber porqué reacciono a las cosas que me ocurren es esencial para tambien empatizar con el resto de personas. Este valor me ayuda a intentar comprender al otro, aunque no lo comparta y, así, de alguna manera, tener menos resentimiento, sufrimiento y más capacidad de compadecerme, por tanto, consigo aprender de los demás empatizando.
El quinto es para la valentía, gracias a ella intento reconocer mis errores, lo que puedo cambiar y lo que no, esto es lo más duro. Lo que puedo transformar de mí, trabajo cada día en ello y, aquello que no está en mis manos, me esfuerzo en aceptarlo sin ninguna connotación.
El sexto es el amor, sin él no podría vivir en pareja y evolucionar con ella. También lo necesito para amarme, y así, respetar al resto de seres vivos del planeta (personas, animales, plantas, ecosistemas, etc.).
El siguiente es la amistad, muy unido al anterior. Ser leal a las personas que quiero, aprender de ellos con valentía y dejarles ser libres para que todos atravesemos nuestras etapas vitales.
El octavo es la honestidad, pensar, hacer y decir deben estar consonancia, solo así puedo sentirme bien. Lo que hoy opino, tal vez mañana no me sirva y deba cambiar esa idea, pero siempre ser fiel a este valor tan importante.
El noveno es el deporte, sin él no hubiera escrito nunca este post, por ejemplo. Me ha ayudado tanto que estaré siempre en deuda, por eso cada día entreno y me muevo, para seguir en la línea a la que me ha llevado esta práctica y continuar aprendiendo.
El décimo y último valor es el de la responsabilidad. Es muy importante ser consciente de la “culpa” que tenemos en las acciones y relaciones que afrontamos en nuestra cotidianidad. Se extrae mucha información de porqué actuamos, pensamos y contestamos a los demás y a nosotros mismos. Para ello es necesario darnos cuenta del porqué precisamos saberlo, después asumir cuál es nuestra responsabilidad y la demanda de humildad para reconocerlo. Finalmente, es la valentía la que nos ayuda a afrontarlo.
Un sentido de vida necesita de unos valores y principios que guíen nuestra voluntad, pensamientos y acciones.
“Quien tiene un porqué para vivir puede soportar casi cualquier cómo."
Friedrich Nietzsche
Si has llegado hasta aquí, solo puedo agradecértelo. Si te ha parecido interesante, por favor, compártelo con alguien a quien creas que le pueda ayudar. Muchas gracias.

Comentarios
Publicar un comentario