No existe la panacea en educación
Ni en educación y me atrevería a decir que en ningún ámbito de la vida. Cada uno de nosotros somos diferentes, nos podemos asemejar ya que venimos de la misma especie, pero tenemos unos matices distintos que nos permiten desarrollar unas habilidades a unos y a otros no. También, lo que a mí me ayuda a lograr resultados, a ti no. Pero, y esto es lo interesante de esta cuestión, lo que alguien ha experimentado nos puede dar pistas y ayudar a desarrollar nuestro propio camino adaptado a nuestras características. Y esto, efectivamente, se puede trasladar a la educación.
Nadie nace sabiendo, vivimos aprendiendo constantemente, y si no lo hacemos, en muchos casos, aparecen los problemas mentales y físicos. Pero para todo no existe la dosis concreta y perfecta. Se trata de practicar el ensayo y error y, a partir de ahí, aprender y mejorar. No hay otra opción más efectiva.
La educación es el tema más importante y más complicado que existe de definir en nuestra sociedad.
En la antigua Grecia, por ejemplo, eran los filósofos quienes educaban a las futuras generaciones. En la edad media se expandió a la formación religiosa, llegando al Renacimiento que revivió con el humanismo clásico y, ya en la revolución industrial, una formación universal que te preparaba para el trabajo en cadena. Y en esas estamos, seguimos en una formación industrial, de memorización y, sobre todo, sin estar adaptada a las demandas diversas que exige nuestra sociedad. Es complicado, lo sé, pero también lo es no intentar desarrollarnos a través de lo que tenemos a nuestro alcance, siempre dentro de nuestras posibilidades que son muchas.
En estos momentos, el desarrollo personal está muy de moda y me alegro. Es una de las facetas menos cultivadas por el ser humano en general. Este ámbito es el que tiene mayor poder educativo. Cuando uno mismo se para a reflexionar, intenta mejorar y quiere convertirse en la persona que aspira a ser, eso es desarrollo personal. Un buen educador o docente es aquel que se conoce a sí mismo, intenta dar respuesta a las necesidades de sus alumnos, compañeros y familias, a través de diferentes herramientas, se muestra con mentalidad de aprendiz y ostenta una actitud curiosa y responsable.
No puedes educar si no te has formado previamente y, por supuesto, sigas haciéndolo para siempre. Necesitamos crecer en esta profesión, un maestro o un profesor debe conocer cómo sienten, piensan y qué necesitan sus pupilos. Y esto no es tarea sencilla.
¿Cómo podemos aprender en este sentido? No es nada fácil y requiere de dos acciones muy importantes: responsabilidad y humildad. Estas dos virtudes son imprescindibles para lograr aprendizajes y seguir creciendo. Debes ser responsable para saber en qué debes mejorar, qué ámbitos son de valor explorar y cuáles son tus limitaciones o barreras.
A la vez es necesaria la humildad, muy importante para mantener la mentalidad de aprendiz. Si eres curioso tienes más posibilidades de aprender. El aprendizaje no conoce las barreras, pero sí tus creencias y tus limitaciones. Por ello la humildad es tan necesaria para probar si algo nuevo va contigo o no. Creo que la valentía va de la mano de la humildad, si practicas las acciones necesarias a pesar de tener miedo, puedes conquistar muchos aprendizajes.
No sé cuál es tu caso, pero es extensivo a todo ser humano. No importa si eres maestro, barrendero, bombero o panadero, todos necesitamos aprender. La educación es la madre de todo el conocimiento, porque gracias a ella puedes ser más libre.
“El que sabe la verdad no necesita ser escuchado, tan solo lo aplica. Erra o acierta y, así, moldea su aprendizaje, que es constante e infinito.”
Jose M. González
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