¡Qué obsesión!
Si te dijera las veces que me han dicho esta frase, dirías que soy un exagerado y que no será para tanto. No es que sea para tanto, pero al inicio de comenzar mi cambio de hábitos para tener un estilo de vida más saludable, sin querer, me molestaban los comentarios y me hacía cuestionarme mucho.
Cuando inicias una transformación y construyes una nueva vida, la gente se extraña y cree que es algo pasajero, que volverás pronto a lo que “eres”. Y algunos no se van a quedar en esto, sino que también te expresarán su opinión no demandada: “Es que desde que estas con el régimen y haciendo deporte te veo muy obsesionado”. Esto me lo han dicho muchas veces, y a ti te lo seguirán diciendo por cualquier ajuste que quieras implementar en tu salud. Y no es nada fácil ignorar esas opiniones, es complicado seguir adelante con tus metas cuando la gente que te rodea duda de ti.
Mientras los “obsesionados” cuidamos de nuestra salud, construyendo unos hábitos basados en una alimentación equilibrada y nutritiva, movimiento y entrenamiento de fuerza, descanso y control del estrés y, sobre todo, un desarrollo personal para alcanzar una paz mental necesaria para los tiempos en los que vivimos, el resto de mortales no tienen ninguna obsesión, o ¿quizá sí? Veamos cuáles pueden ser sus hábitos:
-Ver series y películas hasta altas horas de la madrugada y levantarse temprano para ir a trabajar.
-Comer ultraprocesados con asiduidad creyendo que no lo hacen: “Yo solo como en momentos puntuales, en fiestas o fines de semana”.
-Tomar pastillas para dormir, para aplacar los nervios, para el colesterol, la diabetes, la hipertensión, etc.
-Vivir con preocupación por lo que pasará y con depresión por lo que ocurrió.
-No hablarse con personas porque han discutido, piensan diferente a ellos, votan a un partido político distinto o no han sabido resolver una pelea en el pasado.
-Beber alcohol todos los fines de semana y creer que no tienen una adicción. Utilizarlo para evadirse de sus problemas, del trabajo o de sus relaciones personales.
-Salir de fiesta hasta altas horas de la madrugada, entre otras razones, para buscar pareja, evadirse o simplemente por diversión.
-Fumar con cualquier excusa: con el café, con el alcohol, en un atasco, en un descanso, etc.
-Vivir con frustración por no hacer lo que les gustaría hacer y seguir contentando al resto de personas que les exigen ser como se espera que sean.
Y otros tantos ejemplos que te podría enumerar. ¿Quién es el que tiene obsesiones?
Todos tenemos una meta, unas más sanas, otras no tanto. Creo que todos albergamos cuestiones que deberíamos intentar resolver. Al menos, esto nos hace ser un poco más libres en contraposición a las anteriores situaciones, que pueden resultar destructivas a largo plazo.
Si sientes que un asunto te ata, vives pendiente y no te deja ser feliz, es que algo en tu existencia no funciona correctamente. La libertad en tus acciones, sentimientos y elecciones debería estar menos supeditada a aspectos externos y más a practicar aquello que sientas y que vaya contigo. Construimos una vida demasiado encajonada y determinada, en definitiva, hacemos lo que esperan de nosotros y no lo que realmente nos llena. Si te obsesionan aspectos de la vida que están fuera de tu alcance y, por ende, regalas a otros el poder de tu aprobación, sufrirás. Sin embargo, si te entregas a aquello que quieres ser y tus desafíos van asociados a la superación personal para alcanzar esa idea con la que sueñas, estoy seguro de que, aunque sea muy duro, serás más feliz.
“La perfección es la obsesión de los débiles.”
Winston Churchill.
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