¿Te quieres curar?

Seguro que en algún momento de este año te has notado muy cansado, incluso no solo físicamente, también de manera mental. Y es que ese agotamiento es normal cuando después de una época con más estrés o mayor ansiedad, nos ha tocado lidiar muy duro para salir adelante. Y esto, de forma puntual, es totalmente normal y podemos pasar ciclamente por estas etapas. Pero da la casualidad que este momento histórico con tanta comodidad es en el que más cansancio crónico estamos arrastrando. 

¿Crees que esto normal? Yo digo que no y quiero que podamos reflexionar juntos sobre este tema tan complicado y que tiene tantos matices para intentar resolverlo solo con este simple texto. Sin embargo, voy a desgranar unas claves fundamentales que nos pueden ayudar. Si notas que deja de ser algo agudo y ya pasa a formar parte de tu vida, e incluso ya lo estás asociando a tu cotidianidad, deberías pararte y pedir ayuda a profesionales preparados. El cansancio y el bajón constante no es algo normal.


¿Cómo podemos cambiar esta situación? La respuesta no es sencilla, ya que implica muchos aspectos, sin embargo podemos utilizar unas pautas que vienen muy bien, para poco a poco, ir remitiendo los efectos que produce el cansancio.


-Control del estrés y la ansiedad: es el más amplio y por ende el más difícil de conseguir. El estrés agudo es necesario para adquirir aprendizajes, pero en el largo plazo y cronificado supone una enfermedad. Por esto es tan importante tener claro cómo actua el estrés en estos dos escenarios: en el primero nos aporta un mecanismo hormético para adquirir nuevas adaptaciones y superarnos. En el segundo caso, cuando se cronifica, puede llegar a destruirnos y aparecer la enfermedad.

¿Cómo minimizar el estrés negativo?

Es necesario hacer introspección, analizar qué es lo que puede ser la causa del momento por el cual estamos pasando. Es importante trabajar el autoconocimiento a través de la reflexión en el día a día, tal vez con la meditación o el mindfulness. Estas herramientas representan un gran impacto en la mejora del estrés.


-Otro de los aspectos que guarda relación directa son la alimentación y el entrenamiento. Ya sabes que para mí son necesarios para alcanzar la serenidad. Si no sabes lo que comes, ni para qué sirven los nutrientes y cuál es su necesidad en la vida, es complicado controlar este pilar tan fundamental. Y el entrenamiento de fuerza, paradójicamente a la creencia que existe, te puede ayudar a tener más y mejor energía.


-Y el descanso. Si no duermes bien, no estás recuperado, por tanto, tienes peores elecciones, mayor estrés, una percepción negativa de lo que experimentas y, sobre todo, mayor cansancio. Dormir bien es básico y descansar para sentirte limpio mentalmente es lo que te empuja a probar acciones nuevas.


Evidentemente, conocer y aplicar estas pautas básicas son fundamentales para recuperar la energía, pero nada es blanco o negro. Puede tardar varias semanas recomponerte en todos los sentidos, no es que hoy vayas a hacerlo todo perfecto y mañana estés a tope. Seguramente, mañana tengas agujetas, te cueste conciliar el sueño o no sepas qué comer y qué es más saludable. No pasa nada, es normal. Este proceso es una aprendizaje constante. Todos lo hacemos. Se trata de probar, acertar o errar y, entonces, adaptar y modificar, para poder encontrar la “tecla”. Si gran parte de nuestra vida hemos ignorado muchos de estos aspectos y, además, hemos dado por hecho que es “normal” sentirnos siempre cansados, si decides comenzar a implementar alguno de ellos, el cambio no será inmediato. La transformación se nota en el largo plazo, pero los beneficios que te aporta alimentarte con comida real, dormir bien o el entrenamiento de fuerza, te regalan esa motivación y el placer de sentirte bien, sobre todo, porque practicas acciones que mejoran tu salud y vives mejor.


“Escucha a tu cuerpo cuando susurra, para no tener que escucharlo cuando grita”. 

Anónimo


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Muchas gracias.

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