¡Todo es malo!
Las empresas que venden productos alimentarios tienen un interés: ganar dinero. Y para ello, utilizan todas las artimañas necesarias, legales y cerca de la ilegalidad, para convencernos de que el producto “X” es contraproducente para la salud o es la panacea para mejorarla. Y te puedo asegurar que lo consiguen aunque sea mentira.
A finales del siglo pasado se comenzó a poner en el punto de mira a cada uno de los macronutrientes. Se empezó con las grasas, que fueron demonizadas porque se asociaban a enfermedades cardiovasculares y, por ello, se comenzaron a sustituir por los carbohidratos. Más adelante, el problema fueron los hidratos, acusados de ser uno de los causantes de la obesidad tan abrumadora que tenemos en nuestros tiempos. Y por fin llegaron a la proteína, que se vió salpicada como la culpable irrevocable de enfermedades relacionadas con los riñones y el higado.
Todo esto son falacias que lo único que han logrado (a parte de llenar los bolsillos de esta industria) es instalar en la mente de la población unas creencias (tanto positivas como negativas) sobre algunos alimentos, o, como el caso que tratamos hoy, sobre los tres macronutrientes.
Ninguno de ellos es malo para la salud, rotundamente. Lo que sí que puede ser contraproducente es nuestro estilo de vida y hábitos. Eso no se señala con tanta claridad. Recalco este concepto en muchos de los más de cien posts que llevo publicados, pero es que es verdad. Solo debes fijarte, por ejemplo, en una competición de ciclismo: los propios deportistas basan su nutrición en comida real en un alto porcentaje, pero al tener una gran exigencia física durante las competiciones, deben echar mano de preparados ultraprocesados, como las chocolatinas, y ninguno de ellos tiene diabetes. ¿Qué quiero decir con esto? Evidentemente no abogo por una nutrición repleta de azúcares ni calorías vacías, pero sí destaco que lo más importante es tu contexto. Si este es muy activo necesitarás comer más para que tu organismo pueda rendir correctamente. En el ejemplo de los ciclistas, estos alimentos cargados de azúcares vacíos y grasas saturadas les permiten alcanzar la energía necesaria, en contraposición a comer alimentos muy altos a nivel nutricional (patata, batata o avena), ya que sería imposible de digerir y convertir en combustible inmediato durante la carrera.
En conclusión y como comento a menudo, lo más importante es tener un pensamiento crítico para diferenciar el engaño de la realidad. Basarte en múltiples investigaciones e informaciones, unidas a tu experiencia personal, que te ayuden a valorar correctamente (o lo más cercano a la verdad) para que finalmente redunden en tu bienestar mental y físico.
“El equilibrio entre carbohidratos, proteínas y grasas es clave para mantener la energía, el metabolismo y el bienestar general. No hay un único ‘villano’ en los macronutrientes.”
Dr. Mark Hyman, defensor de la medicina funcional.
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